Mínimas y opacas alegrías en este valle de lágrimas, pero dicen que peor es nada
El resonante éxito de este blog, que ya tiene cuatro lectores a las pocas horas de publicarse el primer post (aunque sospecho que la CIA y la SIDE deben haber neutralizado a los otros 3000 que se agolpaban en las puertas de mi ranchito) me lleva, nobleza obliga, a volver con Uds. por otro ratito, si es que todavía no me han desconectado de este maquiavélico servicio de pseudo-comunicación.
Ante las ingenuas palabras de un/a comentarista que me recuerda la necesidad de aligerar la pesada mochila de la vida con tibias sonrisas, me atrevo ahora a revelar la segunda auténtica verdad: nadie con dos dedos de frente puede ser feliz en un mundo donde la felicidad cotiza en dólares, cuando no en euros (pero en pesos seguro que no). Espero no ofender a nadie con lo de "dos dedos de frente" (qué feo debe ser que le salgan a uno dedos de la sabiola...es lo que digo: la existencia humana es una porquería, y eso que no le pregunté a mi gato qué piensa de la suya).
Por otra parte, en respuesta a la denuncia de que la palabra "globosfera" ya fue patentada en la Internosequé (me da cosa escribir en la lengua de los colonizadores, aunque a veces no tengo otro remedio que hacerlo para no sonar incoherente, si es que la coherencia sigue siendo un valor en esta microsociedad de irracionales con chapa de civilizados) hace quién sabe cuánto tiempo (y después de todo, a quién le importa, porque el tiempo es otro invento para distraernos mirando la hora o comprando relojes cuando tendríamos que estar abocados a la revolución permanente, y dije "permanente", así que el tiempo no tiene nada que hacer aquí, señores), puedo decir que yo la uso en un sentido completamente nuevo, profundamente crítico, ajeno a la complacencia de los sometidos a la tecnocracia. Y si no me entiende, vaya a hacer un curso de lectura veloz a la escuelita donde estudia el/la vago/a de su hijo/a, y si no tiene ninguno o ya está crecidito, mejor para Ud., porque no hay nada más insoportable que estar criando a un pichón de burguesito parásito y consumista en la casa de uno, que encima algún día le dirá a su costoso y pedante analista que Ud. le arruinó su patética vida (lo que, después de todo, será muy cierto). Por eso yo me he guardado muy bien de tener niños: nunca me comí esa cantilena religiosa de la procreación, pero ése es otro tema.
En fin. Sólo quería decirles que experimento una miserable sensación de contentura con su mezquina participación. Eso era todo. Bueno. Se me hace tarde. La revolución permanente me reclama. Au revoir (el francés es la lengua de los intelectuales de izquierda, por si no lo sabían). Viva Alain Badiou. Au revoir again (¡aléjate de mí, lengua del demonio!).