Avisen si hay algo pa' festejar
Acabo de recordar que tenía un blog. Bueno: tener, lo que se dice tener-tener, no sé. Pero los aires festivos de diciembre me han devuelto a este simulacro de participación globosférica. No porque yo comparta los aires festivos, por supuesto. Hay pocas cosas más irritantes que los pinitos nevados en tiempos estivales y los falsos gordos vestidos de color Coca Cola que fingen alegría por dos pesos pagados en cuotas. Y los renos que hablan, los turrones rompe-muelas, los niños que escriben cartitas a San Mercado Navideño -ya sé que no es culpa de los niños, pero no me van a decir que no saben que una Play Station no baja por la chimenea así como así-, las películas yanquis con trineos, campanitas y muérdago y toda esa ensalada de motivos paganos y septentrionales que nada tienen que ver con nuestra identidad y que seguimos consumiendo con la conciencia embalsamada.
...que en tres días arribará la primavera por estas latitudes. Y lo informo antes de que los noticieros comiencen a emitir sus exasperantes crónicas de jóvenes panza arriba sobre el agobiado césped, ingiriendo sandwiches de salamín regados con alcoholes varios y entonando sus habituales himnos en honor a los narcóticos y a la dispepsia. Esto sí es periodismo de anticipación, señores, y no lo que les venden por televisión.
Como, pese al rotundo éxito de mi trabajo en este blog, ninguno de esos intuitivos cráneos (¡JÁ!) que se hacen llamar "periodistas" se ha contactado todavía conmigo para proponerme una entrevista a fondo, les ahorro el esfuerzo (no vaya a ser que se les hernie la mollera, pobrecitos) y me la hago yo mismo/a. Presten atención: lo que sigue no tiene desperdicio (dicho esto con toda humildad).
Periodista: -Buenos días, Sr./Sra. Crux. Es un verdadero honor para mí que Ud. haya aceptado esta entrevista.
Crux: -Ud. lo merece, no como todas esas larvas inmaduras que pululan en los grandes medios sin otro mérito que un titulito comprado en una escuelita de cuarta y el "acomodo" de un tío segundo.
Periodista: -Siempre tan implacable, Sr./Sra. Crux. Es muy cierto: yo no encuentro trabajo en lo mío porque no tengo contactos.
Crux: -¿Cómo que no tiene trabajo en lo suyo? ¿No es periodista? ¿Entonces qué hace acá molestándome? ¿No se da cuenta de que le está robando un tiempo valiosísimo a la revolución permanente?
Periodista: -Perdóneme, Sr./Sra. Crux, pero le recuerdo que Ud. es yo mismo/a.
Crux: -Ah, bueno. Entonces está bien. Siga adelante, por favor.
Periodista: -¿Cómo entró Ud. al mundo de los blogs?
Crux: -Piense un poquito en lo que me está preguntando. ¿Qué es eso del "mundo de los blogs"? Si se refiere Ud. a la globosfera, le advierto que no existe: es un invento de las grandes corporaciones tecnocráticas para alejarnos del mundo real y de nuestras oprobiosas condiciones materiales de existencia con el único objetivo de impedir el inevitable derrumbe de la economía de mercado.
Periodista: -Le reformulo la pregunta, entonces. ¿Cómo entró Ud. a ese invento de las grandes corporaciones...?
Crux: -Está bien, está bien. Ya entendí. Fue un día en el que, por equivocación, escribí en el Google la palabra "blog" (estaba buscando datos sobre los esquimales para mi tesis de antropología, y el cansancio me hizo confundir las letras) y apareció una sarta de entradas con ese funesto término. Hice "click" (onomatopeya de origen inglés; hay que encontrar una menos colonialista inmediatamente) en una y ahí entré.
Periodista: -Ya que sacó el tema...¿qué opina del estado actual de la antropología?
Crux: -Absolutamente decadente. Antes había tipos como Lévi-Strauss que tenían un poco de conciencia revolucionaria, pero ahora está inundada por pseudo-investigadores como Marc Augé que escriben ensayos mientras hacen sus compras en los grandes shoppings (o "malls", o como les digan a esos palacios del epicureísmo posmoderno -vaya palabreja, "posmoderno"-) del Primer Mundo (¿primero en qué: en masacrar al resto de la humanidad?) y toman café au lait en los descansos de tan ardua tarea.
Periodista: -¿Ud. se está refiriendo al temita ése de los "no lugares"? ¿No es de principios de los '90? Ya estamos en el siglo XXI, le recuerdo.
Crux: -Le agradecería que no me recuerde nada más, Sr./Sra. periodista. Veo que está más o menos informado/a. Pero la temática sigue vigente. Ahora le cambian el nombre (el tipo habla de "supermodernidad", por ejemplo), pero es la misma estrategia de "investigo mi entorno inmediato y soy un vivo bárbaro porque no tengo que meterme en el medio de la selva -uy. uy, uy, qué miedo la selva, a ver si viene un monito tití y me hace pis encima- y aprovecho las comodidades de la civilización que analizo como si yo fuera un observador distante".
Periodista: -Muy sagaz, muy sagaz. Entonces, para Ud., ¿las ciencias sociales han extraviado el rumbo?
Crux: -No sé si el rumbo, porque seguro que a ese camino lo tenían marcado en el libreto de los grandes centros universitarios que explotan la farsa de la construcción del saber (¡já!, como si el saber pudiera fabricarse cual embutido) mientras cobran ingentes sumas de dinero, y es así que si no tenés un doctorado en Psicosociodinámica de las masas poblacionales en constante vaivén no sos nadie, pero ojo que eso no pasa solamente con las ciencias sociales. Lo que quiero decir es que el mercado académico engendra sus propios medios de reproducción infinita.
Periodista: -Me deja Ud. atónito/a, Sr./Sra. Crux. Yo tenía planeado hacer un posgrado en folklore y medios alternativos de comunicación en la Universidad de Arequito, pero me parece que lo voy a pensar dos veces antes de inscribirme.
Crux: -Piénselo tres, o cinco, o quinientas dos mil dieciocho veces. No se deje engañar por las piedritas de colores que les venden a los/as ilusos/as como Ud. las empresas educativas.
Periodista: -¿Y cómo hacer para que no me pasen por arriba todas esas legiones de posgraduados con currículums deslumbrantes?
Crux: -"Curricula", Sr./Sra. periodista: "curricula". Nominativo plural del neutro "curriculum". ¿Nunca estudió latín?
Periodista: -La verdad que no. Un poco de inglés, de francés y un cuatrimestre de italiano, pero latín no.
Crux: -No sabe cuánto lo lamento. Por otra parte, ya es tarde para que lo haga.
Periodista: -¿Y por qué es tarde?
Crux: -Porque hoy en día todos los profesores de latín están aprendiendo chino (la lengua del futuro) con profesores de chino, que no saben latín. Y no tienen tiempo que perder dando clases de latín, claro está. Porque el chino es un idioma muy difícil de aprender, no sé si está al tanto. No es para cualquiera, quiero decir.
Periodista: -Algo de eso me había dicho el chino del autoservicio de mi barrio cuando le discutí el precio de un quesito Adler, pero no lo entendí mucho, para decir verdad.
Crux: -Entonces, si no entiende mucho, mejor pregúnteme otra cosa. ¿Qué quiere que le diga?
Periodista: -Me gustaría saber qué le recomendaría a una persona que quiere tener su propio blog.
Crux: -Ahora sí vamos bien. No le recomendaría nada. Es más; le diría: "aléjate de ese dispositivo distractorio engendrado por...etc.", pero si ya se le ocurrió tener un blog, probablemente la advertencia sería completamente inútil.
Periodista: ¿Y por qué Ud. tiene un blog, entonces?
Crux: -Respetuosamente (por su investidura periodística, si es que eso merece algún respeto): ¿y a Ud. qué carajo le importa?
Periodista: -Pero esto es una entrevista, Sr./Sra. Crux. Y se supone que si le pregunto esas cosas es porque me parece importante que el público conozca su punto de vista.
Crux: -¿Pero de qué público me está hablando? A ver, digamé (ya sé que es "dígame", pero esto es discurso coloquial): ¿para qué medio trabaja Ud.?
Periodista: -Para ninguno, todavía. Ya se lo dije. No tengo contactos.
Crux: -Aaaahhh, bueeeeno... Ahora nos vamos entendiendo. Así que para ninguno. Entonces, ¿por qué me está haciendo perder el tiempo?
Periodista: -Pero...Sr./Sra. Crux: le recuerdo que Ud. me llamó y que además Ud. es yo.
Crux: -¿No escuchó cuando le pedí que no me recuerde nada más? ¿Es que ya se ha perdido toda consideración por la voluntad ajena?
Periodista: -¿Cómo "ajena", Sr./Sra. Crux? Si yo soy...
Crux: -Doy por terminada esta entrevista. Que tenga Ud. un buen fin de semana.
Periodista: -Ud. también, Sr./Sra. Crux. Nadie se lo merece más. Muchas gracias.
Crux: -De nada. Le auguraría un buen futuro como periodista, si no fuera Ud. tan jovato/a.
Periodista: -¿En serio? Me deja más tranquilo/a. Me olvidaba: ¿y a esto cuándo lo cobro?
Crux: -Espere una semanita que lo/la llamo y le aviso.
Periodista: -Como Ud. diga, Sr./Sra. Crux. Esperaré. Hasta pronto.
Crux: -Hasta pronto, hasta pronto. Cuidado al cruzar (...). (Tanta ingenuidad me conmueve. Mirá que había resultado pelotudo/a el/la periodista ése/a.)
El resonante éxito de este blog, que ya tiene cuatro lectores a las pocas horas de publicarse el primer post (aunque sospecho que la CIA y la SIDE deben haber neutralizado a los otros 3000 que se agolpaban en las puertas de mi ranchito) me lleva, nobleza obliga, a volver con Uds. por otro ratito, si es que todavía no me han desconectado de este maquiavélico servicio de pseudo-comunicación.
Ante las ingenuas palabras de un/a comentarista que me recuerda la necesidad de aligerar la pesada mochila de la vida con tibias sonrisas, me atrevo ahora a revelar la segunda auténtica verdad: nadie con dos dedos de frente puede ser feliz en un mundo donde la felicidad cotiza en dólares, cuando no en euros (pero en pesos seguro que no). Espero no ofender a nadie con lo de "dos dedos de frente" (qué feo debe ser que le salgan a uno dedos de la sabiola...es lo que digo: la existencia humana es una porquería, y eso que no le pregunté a mi gato qué piensa de la suya).
Por otra parte, en respuesta a la denuncia de que la palabra "globosfera" ya fue patentada en la Internosequé (me da cosa escribir en la lengua de los colonizadores, aunque a veces no tengo otro remedio que hacerlo para no sonar incoherente, si es que la coherencia sigue siendo un valor en esta microsociedad de irracionales con chapa de civilizados) hace quién sabe cuánto tiempo (y después de todo, a quién le importa, porque el tiempo es otro invento para distraernos mirando la hora o comprando relojes cuando tendríamos que estar abocados a la revolución permanente, y dije "permanente", así que el tiempo no tiene nada que hacer aquí, señores), puedo decir que yo la uso en un sentido completamente nuevo, profundamente crítico, ajeno a la complacencia de los sometidos a la tecnocracia. Y si no me entiende, vaya a hacer un curso de lectura veloz a la escuelita donde estudia el/la vago/a de su hijo/a, y si no tiene ninguno o ya está crecidito, mejor para Ud., porque no hay nada más insoportable que estar criando a un pichón de burguesito parásito y consumista en la casa de uno, que encima algún día le dirá a su costoso y pedante analista que Ud. le arruinó su patética vida (lo que, después de todo, será muy cierto). Por eso yo me he guardado muy bien de tener niños: nunca me comí esa cantilena religiosa de la procreación, pero ése es otro tema.
En fin. Sólo quería decirles que experimento una miserable sensación de contentura con su mezquina participación. Eso era todo. Bueno. Se me hace tarde. La revolución permanente me reclama. Au revoir (el francés es la lengua de los intelectuales de izquierda, por si no lo sabían). Viva Alain Badiou. Au revoir again (¡aléjate de mí, lengua del demonio!).
Ya sé que me están mirando la CIA, la SIDE y todos esos organismos decrépitos creados por los estados alterados para mutilar la libre expresión de la única ideología política respetable (la anarquía), y que probablemente éste sea mi debut y despedida en la antihigiénica globosfera (y no me vengan con que se llama "blogosfera", porque eso de "blog" es un evidente anagrama abreviado de la globalización neoliberal, amén de los descarados bolazos que se escriben en su nombre), pero como sólo me han dejado en pie el coraje y la dignidad de ser YO frente a este dispositivo siniestro de la tecnocracia que enriquece a las multinacionales y alimenta la ficción de la comunicación democrática (permítanme una carcajada: ¡JÁAAAA! ; ¿de qué democracia me están hablando si el pueblo nunca tuvo nada que ver en el asunto? -y a lo de la comunicación mejor dejémoslo ahí, porque cómo voy a tragarme la pastillita ésa si lo único que tengo adelante es un monitor cuadrado y estólido, incapaz de reaccionar ante mis lacerantes aullidos de angustia-), tomo la palabra por un ratito (no sea que venga el cuco y me corte la conexión con la excusa de que no la pagué; si ya se las conozco todas a esos malparidos).
Y ya que llegaste acá, quién sabe por qué extraño sendero del azar o del dolce far niente, enfrenta tu destino, compañero/a de habitáculo en este absurdo viaje a la nada que llaman "vida": abre tus encerados pabellones auriculares para recibir auténticas verdades, no de ésas berretas, fabricadas con resaca en los talleres de la mediocridad burguesa, que te ponen en la falda cuando estás cómodamente ubicado en un asiento del imaginario colectivo. Aquí va la primera: nada de lo que pagaste es tuyo. Todo el sudor y el tiempo que invertiste en hacerte esos mangos que te garantizaran el acceso al consumo fueron entregados inútilmente (para ti, se entiende, no para ellos). Recuerda lo que te digo: incluso ese maravilloso telefonito que te saluda con un mensaje de bienvenida y te llama por tu nombre es ajeno. No te encariñes con él, porque si está a tu lado es sólo porque se lo ordenó su verdadero dueño, el Sr. Mercado de Telefonitos Celulares Cada Vez Más Precarios para Mantener Siempre Activo el Perverso Circuito Oferta-Demanda, y puedo jurarte que no siente ningún afecto hacia ti. Igual que tu pareja (si es que todavía no se decidió a abandonarte), pero ése es otro tema.